La entrega de archivos Raw


Primero de todo….¿qué es un archivo RAW?

“Raw”, en inglés, significa “original”, “crudo”. Es decir, el archivo raw de una cámara digital es el archivo original, en bruto, sin modificar y a la máxima calidad posible.

Los archivos RAW son los negativos digitales. Es decir, el equivalente al negativo de las antiguas cámaras de carrete.

Cada marca tiene un tipo de archivo raw diferente: en Nikon es .nef, en Canon es .cr2, en Sony es .arw, en Fuji es .raf, etc….

Ahora si podemos responder a la pregunta en cuestión, ¿entrego los archivos RAW de mis trabajos?

La respuesta es no, y la explicación la siguiente. Como hemos indicado más arriba el archivo RAW es en "bruto" por lo que no detalla mi trabajo como fotógrafo sino que es un mero boceto de lo que será la fotografía final. Es como si cuando compramos un libro pretendemos que el escritor nos dé también los borradores originales, o como si cuando vamos a cenar a un restaurante le pedimos al cocinero la receta de alguno de sus platos, ¿que nos respondería?

Otra cosa bien distinta es que un cliente me contrate para la obtención directa de estos archivos, entonces ya se valoraría la posibilidad de entregarlos o no, depende de cada caso, cuyo coste se incrementaría considerablemente.

¿Por qué un fotógrafo iba a darnos los RAW, el bruto sin editar? Obviamente las razones que suelen tener los novios para que se les entreguen los originales es por el hecho de evitar los costes de editado y con ello tener un mayor número de fotos, pero no nos equivoquemos, la cantidad como casi siempre no es mejor que la calidad.

Utilizando el simil que dan en un artículo similar a éste en Petapixel, sería como si a un escritor le pidiésemos su libro sin editar, en borrador, con las anotaciones e ideas tachadas. Cuando se contrata a un fotógrafo, se hace conociendo su forma de procesar las imágenes (o así debería ser), por lo tanto de nada nos servirá tener mil fotografías si no están completas en cuanto a los ajustes que conforman el sello característico de su autor. Estarán bien compuestas, bien iluminadas, bien expuestas, pero carecerán de los ajustes esenciales y los rasgos que las convierten en imágenes únicas.

Por ello es muy importante conocer cómo trabaja las imágenes un fotógrafo, ver su portfolio, y constatar que es afín a las ideas que la pareja pueda tener. Y sobre todo confiar en su trabajo. Porque, como profesional que es, sabrá qué fotografías encajan mejor en blanco y negro, que tonos irán mejor con el ambiente creado, que reencuadres (cuando se necesitan) son los adecuados y también, sin llegar a hacer retoques excesivos, eliminar esas pequeñas imperfecciones con naturalidad.

El error que muchos fotográficos cometen al dar todas las imágenes sin editar conlleva sobre todo a que no se termine valorando su trabajo, y por ende a que los novios se den cuenta que esas fotografías no tienen nada de especial a las que cualquier otro (no profesional) les hubiese podido realizar. Es muy importante saber valorar el trabajo de un fotógrafo, porque va más allá de las doce o trece horas que puede durar la boda. Hay que tener en cuenta el tiempo de trabajo previo así como la labor posterior de selección de imágenes y editado para que el círculo se cierre, quede completo.

Un fotógrafo no aspira a ser como Miguel Ángel cuando dejaba sus esculturas sin terminar, no busca que sus fotografías sean como esos libros con dibujos que los niños tienen que completar pintando con rotuladores. Una imagen fotográfica empieza en el ojo del fotógrafo, continúa siendo captada y registrada en la cámara y termina en el ordenador engalanada con los ajustes precisos para convertirse en una obra pulida y acabada. Así que tened todo ésto muy en cuenta y pensad en ello a la hora de contratar a un profesional.



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@2020 by David Conejero Photography